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Una historia sobre el dolor

En un libro de enseñanzas del budismo se cuenta que en cierta ocasión una madre acudió al Buda llevando en sus brazos a un niño muerto.  Era viuda y ese niño era su único hijo que recibía todo su amor y atención.

La mujer era ya mayor, de modo que no podía tener otro hijo. Oyendo sus gritos la gente pensaba que se había vuelto loca por el dolor y que por eso pedía lo imposible, que su hijo volviera a la vida.

Buda pensó que si bien no podía resucitar al niño, al menos podía mitigar el dolor de aquella madre ayudándole a entender.  Entonces le dijo que para curar a su hijo necesitaba unas semillas de mostaza, pero unas muy especiales semillas que se hubieran recogido de una casa en la que en los tres últimos años no hubiesen pasado por algún dolor o sufrido la muerte de un familiar.

La mujer al ver crecida así su esperanza, corrió a la ciudad buscando de casa en casa esas milagrosas semillas.  Llamó a muchas puertas.  En algunas había muerto un padre o un hermano, en otras alguien se había vuelto loco, en las de más allá había un anciano paralítico o un muchacho enfermo.  Llegó la noche y la pobre mujer volvió con las manos vacías, pero con paz en el corazón.  Había descubierto que el dolor era algo que compartía con todos los seres humanos.

Lola FaunaUna historia sobre el dolor